Columna de nuestro presidente, José Francisco Lagos sobre el feminismo radical.

Hace algunos días -a propósito de la celebración del día internacional de la mujer-, el diputado y precandidato presidencial de Evópoli, Felipe Kast, promovió un video sobre los derechos de las mujeres.
A raíz de este video surgieron algunas voces aludiendo una presunta incongruencia del diputado, por plantear su defensa a los derechos de la mujer y por su respeto irrestricto a la vida del que está por nacer.
La situación anterior produce problemas políticos que son graves: muchas personas que defienden un “feminismo” radical son intolerantes con los que piensan distinto e incluso con quienes matizan su postura e incorporan diversos puntos de vista.

El primer problema que surge es la auto-atribuida superioridad moral de quienes se dicen defensores de los derechos de las mujeres, en relación a decidir qué deben o que no deben pensar quienes suscriben algunos principios en comunes con ellos.

Por ejemplo, cuando señalan que no se puede decir que se defienden los derechos de las mujeres y a la vez oponerse al aborto, caen en una contradicción grave. En primer lugar, no existe el derecho al aborto, sino que es una mera aspiración de un grupo minoritario que no comparte lo que se ha señalado muchas veces, que el aborto es un mal social. En segundo lugar, si atribuyéramos que el derecho correspondiente es el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, este siempre tendría como limitación la existencia del derecho de un tercero, en este caso el del no-nacido. En tercer lugar, es tal la ideología, que niega incluso que sea importante que el que está por nacer sea mujer, con lo cual a ella se le estaría vulnerando su derecho más esencial: la vida.

Este último caso es especialmente preocupante. Por ejemplo, en China las políticas del hijo único, sumadas al aborto libre, han dado lugar al aborto selectivo por sexo, donde a las mujeres en el vientre materno se les mata ya no por tener una malformación, o ser producto de una violación o que ponga en riesgo la vida de su madre, sino que simplemente por el hecho de ser mujeres.

El segundo problema que surge, es que no existe ningún manual ni una lista taxativa de cosas que debe pensar alguien que defiende los derechos de las mujeres y quien se los atribuya siempre caerá en el error de no considerar que en las discusiones políticas hay diversos matices y aplicaciones prácticas distintas, que pueden hacer ver las cosas desde más de un punto de vista.

Lo anterior ha llevado a grupos de este denominado “feminismo” radical a pretender dirigir una determinada línea de pensamiento, cuando es natural que existan visiones distintas sobre el mismo tema.

La agenda común de remuneraciones dignas para las mujeres, de mejores condiciones laborales, del respeto a su dignidad, se puede opacar por visiones que pretenden hacer ver a los hombres como enemigos de las mujeres, cuando estos temas son esencialmente problemas sociales, que nos competen a cada uno y en cada dimensión de la sociedad.